facebook twitter Email

ESTHER COLLADO

Enlazando palabras y obteniendo melodías.

 


Últimamente no hace más que mirar hacia atrás. Hacia atrás y hacia dentro.

A veces se pierde mirando y buscando, se enfada consigo misma porque no encuentra las respuestas que necesita. Y el caso es que a veces ni siquiera sabe cuáles son las preguntas. Así, ¿Cómo las podría responder?

Igual no hay nada que responder ni nada que preguntar. Quizá, ahora, sentada en su escritorio, mientras trata de poner en orden sus pensamientos, se da cuenta de eso.

Se da cuenta de que no hay preguntas ni respuestas, solo hay experiencias de las que aprender. Y ya no solo mira hacia atrás y hacia dentro, también mira hacia delante.

La primera palabra que se le viene a la cabeza es “vacío”. Esa maldita sensación vivida durante tanto tiempo, sin ser consciente de ello.

Esa ausencia de cualquier atisbo de alegría, de tristeza, de emoción. Solo desidia, conformismo. Dejando que pasen las horas, los días, sin ninguna ilusión.

¿Cómo llega una persona a dejarse engullir por algo de lo que no debería depender su felicidad? No lo sabe. No lo entiende. Y eso era lo que quería entender. Eso era lo que quería desgranar completamente, conocer cada una de las causas que la llevo a desaparecer. Hoy ya no. 

Hoy solo quiere aprender a vivir. Volver a aparecer. Poco a poco, despacito. Y cada día… Cada día, no, miento. Pero sí, a medida que pasa el tiempo, aparecen destellos de lo que un día fue. Y esos momentos son la esperanza. La esperanza y los cimientos de lo que será, de lo que ya está siendo.

Mira hacia atrás para aprender de los errores.

Mira hacia dentro para recordar quién fue, y lo que no quiere ser. 

Y según avanzan los días, va siendo menos quien no quiere ser.

Los milagros no existen. Al menos para los ateos. Lo que existe es el camino, el camino de Machado, ese es el camino que ahora recorre, de forma consciente, sorteando las piedras que se va encontrando y en cada cruce, eligiendo la senda por la que quiere continuar.

Y así, cada día (cada día, no, miento…) ese vacío se va llenando, y cada gramo que llena ese vacío, la llena de felicidad, porque sabe que quizá, no siempre elegirá el mejor camino, pero al menos será el camino ELLA que ha elegido, y no el que eligieron los demás, o el que se vio obligada a recorrer.

Mira hacia delante porque sabe que un día ese vacío se habrá llenado. Y quizá ese día, todas aquellas preguntas obtendrán su respuesta. O no, qué más da. Ya no le importa.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

 


 

Las cosas pasan, nos demos cuenta o no.

El tiempo vuela, y más cuando el que nos queda libre es poco, a veces insuficiente para seguir conectados con nosotros mismos, para no olvidarnos de quiénes somos y de cómo nos sentimos; y de cómo nos queremos sentir.

Los días pasan, pensemos en eso o no. El tiempo es implacable y carece de empatía. El tiempo no se pone en mi lugar, ni me da una tregua si yo estoy tan ocupada que he dejado de verme. El tiempo pasa, y no pasa a mi favor, sino en mi contra, porque la acelerada rutina me absorbe entre sus garras y me aliena, se apodera de mí, y me merma; y yo no hago nada por evitarlo.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios


 

Nunca quise estar donde no me quieren. Nunca quise más de lo que merecí. Nunca pedí nada que no quisieran darme y siempre que hizo falta, te dije las palabras que no querías oír.

Nunca he podido olvidar a quien me ha importado. Siempre he respetado a quien un día fui. Siempre tuve dudas, incluso más dudas de las que nunca habría querido admitir.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

 

Lucía hoy se ha despertado con una extraña sensación.

Se ha incorporado en su cama y ha mirado fijamente sus manos, con la sorprendente certeza de que son capaces de conseguir todo lo que se proponga.

Ha mirado el reloj despertador y ha observado que es pronto, más pronto que de costumbre, pero se siente llena de energía, y ha decidido levantarse y prepararse un buen desayuno, de esos que nunca tiene tiempo de preparar.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

 


Tú piensas que la conoces, y ella sonríe pensando que sólo sabes su nombre.
La observas, a veces seria, con su pose responsable, siempre al mando, controlando cada paso que dibuja al caminar.
La miras cuando bromea, cuando ríe, cuando canta y cuando baila, cuando estás triste y te dice: "Dale la vuelta un momento, cierra los ojos y piensa si de verdad es tan grave, mira adelante y sonríe, que la vida son dos días y hay que intentar disfrutar". Y  te convence de que es verdad.
Y haces caso a sus consejos. Te fías de su criterio. Porque te ciega su temple, te seduce su cordura. Te fascina su paciencia, sus maneras, y ese halo de ternura que desprende en cada gesto cuando cree que nadie mira.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios




Una noche más, aquí, yo y la soledad
Con la cruel compañía de unas lágrimas ardiendo en mis mejillas
Igual, las mismas de ayer, o quizá de antes de ayer
Ya me estoy acostumbrando, parece que duele menos
Que cuando hace ¿Cuánto? Días, meses, o quizá una eternidad
Con cada lágrima se iba, de alguna forma, un trocito de mi vida
Tal vez también ahora se va, pero ya no pesa tanto
Aunque también es posible que esté tan rota ahora mismo
Que no note las heridas.

Entre sombras, imagino tu mirada, que me hiere como nunca antes lo hizo
Porque de repente el mundo, ha dejado de ser mundo
Porque a tientas, trato de romper el nudo
De buscar una salida, una ventana escondida
Que me permita escapar.

Y no sirven las palabras, porque pocas hay comunes.
Pocas hay que signifiquen lo mismo para los dos.
Y busco lo que nos ata, lo que nos mata y nos une
Y me pierdo entre caricias, miradas y tu calor
Y me encuentro acurrucada, ciega y sola, sorda y triste
En el rincón de tus ojos, donde una vez, hace un siglo
Descubrí qué era el amor.

Share
Tweet
Pin
Share
1 comentarios



Hacía tiempo que no oía tu sonrisa
Me fijé en que no sentías mi mirada
Intuía que morían en tus labios versos que lloraban en tu alma

Adivinaba que tu cuerpo se escondía
Había notado que crecían los rincones olvidados
Sospechaba que soñabas los recuerdos en lugar de recordarlos.

Percibía que contabas los segundos
Comprendía cada día que escapabas
Presentía que los días de esperanza, sin remedio, terminaban

Percibía cada beso como un eco de del olvido
Respiraba los vacíos que entre los dos se instalaban
Escupía cada instante en que sangraban las palabras

No quise verte alejándote en silencio
Me engañé, posé mi vista en otro lado
Me convencí , suplantando los vacíos con las luces del pasado

Cuando quise mirar, ya estabas lejos
Cuando te quise oír, tu voz no se escuchaba
Solo vi tu amarga silueta un instante antes de que se esfumara.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios



A media hora a pie de casa, en la cafetería en la que compartimos tantos cafés a la salida de mi antiguo trabajo, en la mesa más alejada de la entrada y de la barra, sin planes ni prisa, espero a que el camarero me traiga la copa que le acabo de pedir.
Le observo mientras lo prepara siguiendo un ritual que habrá repetido en cientos de ocasiones. Es joven y no especialmente guapo, pero tiene un brillo en los ojos que llama mi atención. Me recuerda que una vez yo también lo tuve, que una vez, hace una eternidad, yo también fui joven. Ambos lo fuimos.
El camarero se acerca y deposita mi bebida sobre la mesa, dedicándome una amplia sonrisa que no sé cómo, soy capaz de corresponder.
A solas con mi gin tonic, se me viene a la memoria el día en que le conocí, en el aula magna de la facultad, en primero de derecho, uno de los primeros días de clase, cuando desvié la vista hacia un chico que me observaba en lugar de mirar hacia el estrado donde se encontraba el profesor. Nuestras miradas se encontraron y un escalofrío recorrió mi espalda; me sentí atraída por él de inmediato.
Así estuvimos un mes, sin acercarnos el uno al otro, lanzándonos furtivas miradas entre lecciones monótonas y aburridas, hasta que un fin de semana, nos encontramos en uno de los bares de moda, y con la ayuda de nuestros amigos, nos conocimos, nos gustamos, y no nos volvimos a separar hasta hoy.
¿Cuánto tiempo había pasado? Casi veinte años, toda una vida… Dos caminos que un día se hicieron uno, recorrido por dos niños que juntos se convirtieron en adultos y que ahora se volvían a separar, dejándome sola, perdida y sin consuelo.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Tenía que ser precisamente ahora. No cuando te buscaba, cuando necesitaba una caricia y una palabra de apoyo cada día, y no había nadie que me la pudiera brindar.

Tenías que venir ahora, cuando había logrado ser feliz sosteniéndome sola, sin tener que contar con nadie y sin más ayuda que la que yo me puedo prestar.

Tenías que aparecer justo cuando lo tenía todo organizado, cuando mi vida tenía un orden, cuando dos más dos eran cuatro y tres más tres siempre eran seis. Cuando era yo la que introducía todas las variables que podían afectarme. Cuando ya tenía una prioridad establecida, cuando había decidido concentrarme en lograr ascender en mi carrera profesional sin tener que preocuparme de nada más.

Yo no quería esto ahora, es justo lo contrario de lo que necesitaba. Yo solo quería calma, solo quería control.

Y vienes sin preguntar, sin que nadie te haya invitado, sin que nadie te haya dicho: "¡Entra!".

Pues no. Ahora me vienes fatal, ahora no tiene sentido.

No quiero cambiar tranquilidad por preocupaciones, aunque vengan con un regalo de mil besos. No quiero cambiar el sueño por noches de insomnio, aunque otras estén plagadas de abrazos. No quiero nuevas ilusiones que luego se cobren lágrimas, eso es lo que no quiero.

No. Me vienes fatal. Pero pasa.

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Caras grises. Mentes vacías. Cuerpos encorvados. Miradas perdidas.

Tic tac, tic tac, tic tac.

Pasa un tren. Suben algunos. Otros bajan. Otros permanecen a la espera. Cambia la gente, pero no noto la diferencia. Caras grises. Mentes vacías. Cuerpos encorvados. Miradas perdidas.

Cansancio. Me pesan las piernas. Me pesa la espalda. Solo quiero llegar a casa y soltar esta mochila.

Por fin llega el mío. La gente se aglutina por inercia a medida que se acerca, intentando adivinar dónde quedará la puerta. Se para, me llevo algún que otro empujón, subo, se pone en marcha. Veinticinco minutos hasta mi parada.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Esta noche se presenta como otra de esas en las que el dolor, la frustración y el no entender no me dejarán cerrar los ojos y dormir en paz.

Y no entiendo esta cabeza, no entiendo que ayer fuera completamente feliz, y hoy me sienta tan desgraciada. Las emociones se agolpan en mi mente, y no me dejan pensar. Solo siento, y así no se puede. Y me odio. Odio saber que tengo que ser racional, odio saber cuál es el problema y no poder hacer nada para ponerle remedio. Quizá no soy normal. Quizá esté pasando una época en la que no estoy normal. Una época demasiado larga. Quizá no esté preparada para algunas cosas que me han caído encima y me vienen grandes. Quizá nunca he sabido entenderte. Quizá no he sabido entenderme yo. O el problema es que creía que me conocía y descubrir dentro de mí tantas cosas nuevas me está superando. Quizá necesite ayuda, pero si la necesito, me niego a aceptarlo.

Quizá mi inseguridad sea la base del problema, u ocupe parte de esa base. Nunca me he creído suficiente para nadie y sin embargo, te pido que me veas como no has visto a nadie jamás. No le doy ninguna importancia al físico, excepto al mío. Me miro al espejo y me encuentro mil defectos, me exijo lo que no le exijo a nadie más. Y a ti, te hago lo mismo, y me lo das, y no te creo, porque me miro al espejo, y me veo mil defectos. Y tú te tragas la mierda que me escupen mis complejos.

Quiero ser especial, y quiero ser única, y olvido que hubo mil especiales antes que yo. Te pido una promesa de eternidad sabiendo mejor que nadie que aquí solo cuentan los segundos. Me niego a aceptar lo común, lo que tienen todos. Me niego a aceptar lo que antes concebía como normal y me hacía feliz, y sin embargo hoy no puedo vivir con ello. Me niego a aceptarlo y sé de sobra que es así, y te culpo de mis frustraciones, por hacerme creer en lo que no existe.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios


Muchos días, no diremos cuántos. Es un secreto entre tú y yo. Desde antes del primero, fui demasiado para ti. Fui un problema de mates que trae tu hijo, que está ya en bachillerato, para que le ayudes a resolverlo. Fui el primer día de trabajo de aquella chica que acababa de terminar la carrera. Fui la primera vez que alguien se enamora y no le corresponden, y se queda ahí, sin saber qué hacer con tanto amor. Fui el día que olvidaste las llaves dentro de casa, y no tenías forma de entrar. Fui el tren que se marchaba mientras bajabas corriendo las escaleras creyendo que ibas a llegar. Fui el bebé que pone el médico en los brazos de su madre, y le dice: "Toma, tú sabrás que hacer con él." Fui una bomba que alguien tiró en tus brazos, y cien mil veces al día, tienes que desactivar.

Pero entonces tú creías que eras tormenta y yo calma, y nos echamos a andar, eligiendo yo el camino. El seguro. Y mil veces me has salvado y mil veces he tropezado contigo. Hemos andado de día, de noche, con viento, con lluvia, con hambre y con sed. Hemos reído, llorado, gritado, y caminado en silencio. Nos hemos odiado y querido. Hemos triunfado y hemos perdido. Algún día me he dado la vuelta, y has vuelto conmigo, y otras veces me has dejado sola, harto de mí.

Hemos visto mil amaneceres y hemos anochecido juntos. Hemos descubierto lugares que nunca había visto nadie más. Nos hemos bañado exhaustos en ríos, sin más ruido que el del viento entre las hojas de algún roble centenario y el del agua empeñada en la búsqueda del mar. Nuestros ojos han contemplado la luna, tumbados en infinitas praderas sin más luz que la del cielo iluminado de estrellas, hasta que agotados, se han decidido cerrar. Hemos atravesado algunos edificios en ruinas, y otras veces hemos roto lo que hemos encontrado al pasar.


Me has seguido y yo creía, que me dirigía a algún sitio. Pero después de mil vueltas, tras vivir mil experiencias, hoy por fin me he dado cuenta de que no importa dónde vamos a llegar. Me quedo con el camino. Me lleve donde me lleve, me quedo con el camino.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Yo elijo…  a quien se queda cada noche
Elijo a quien desnuda mis palabras
Elijo a quien soporta  con sus brazos
El peso de mis miedos y fantasmas

Elijo a quien bucea por mi cuerpo
Elijo a quien navega por mi alma
Elijo a quien abraza mi silencio
Y acuna con sus ojos mi mirada.

Falta, soledad, ausencia, frío.
Miedo, angustia, ansiedad,
Calma, ilusión, sed, esperanza.

Caos. Todo. Nada.
Share
Tweet
Pin
Share
1 comentarios
No hablo, no siento, no escucho ni padezco. Estoy tirada al lado de aquel bar, aquel al que solías llevarme, aquel al que te solía llevar. Acabo de vomitar a dos metros del contenedor, no he podido llegar a mi objetivo antes de soltar todo lo que llevaba dentro.
Sé que esto pasará, sé que eres un imbécil, que has dejado pasar la oportunidad de tu vida, de nuestra vida. Sé que te has cansado de mí, y lo peor es que siempre supe que lo harías. Sé que puedo vivir sin ti. Lo sé porque he vivido sin otros. Pero es que no quiero hacerlo. No quiero olvidar nuestros besos, nuestros "Te quiero y te querré siempre". Nuestras risas, nuestras locuras, nuestros lugares, nuestro bar. Y al fin y al cabo somos una pareja más. Una ex-pareja más. Todas han tenido sus besos, sus "Te quiero y te querré siempre", sus risas, sus locuras, sus lugares y su bar. Y su canción, y sus promesas, y sus verdades y sus mentiras.
Sé que no somos especiales, pero es que me da igual.
Hace dos meses que no te veo, que no sé nada de ti. Ni siquiera he intentado llamarte por teléfono. Sé que se acabo, sé que es el fin y que ya no hay marcha atrás, pero es que no quiero que se acabe.
Y sabía que era un error, sabía que no tenía que haber venido, sabía que no tenía que haber bebido, ni dejar al tío que me miraba que me invitara a una copa. Ni a dos. Y menos a tres. Y pese a todo, le he sonreído, mientras escuchaba nuestra música. Maldita música, que no me va a dejar olvidarte nunca. Y se acerca, y sonrío más, y me besa, y siento que el mundo es mío, y que no significas nada para mí, que soy libre, que puedo hacer lo que quiera, que no tendré que volver a soportar todas tus chorradas y gilipolleces, que hoy estaré con uno y mañana con otro, y que no volveré a estar con nadie en serio porque la vida en pareja es una mierda, porque todo se estropea, porque siempre te transformas en alguien que no quieres ser y yo quiero ser yo, sin nadie que me lo impida. Y le beso, le beso con deseo y con rabia, le beso con ganas, y te entierro bajo todos esos besos que consiguen que los nuestros no valgan nada. Y te imagino con otra y me da lo mismo. Ya no te quiero, ya no me importas, ya no eres nadie en mi vida.
La cabeza comienza a darme vueltas y ya no quiero estar con él, con ese desconocido. Odio que esas manos hayan tocado mi cuerpo y de repente siento mucho asco y tengo que salir corriendo.
Y aquí estoy, donde al principio, de rodillas. Veo mi móvil tirado en el suelo y sé que acabo de llamar a alguien, pero no recuerdo a quién. Miro hacia la entrada del bar, que da vueltas y más vueltas. El idiota ese del bar ni siquiera se ha molestado en seguirme. Y nos veo entrando juntos, hace un año. De la mano, riendo a carcajadas, como si nada pudiera cambiar nunca. Y lloro. Y vomito, y lloro. Y lloro y vomito, y me arrastro y me desespero, y no sé ni cómo estoy, solo me quiero morir.

Y se oye el motor de un coche, que se acerca, y que se para. Y el conductor se baja, y se oye: "Eva..." y esa voz, conozco esa voz. Y por un momento me ilusiono, y creo que has vuelto a buscarme. Pero esa voz... No eres tú. Es mi amigo Jaime, que viene a buscarme. "Vamos Eva, levántate" -dice, mientras me levanta. Y vomito de nuevo mientras me aguanta la frente. "Venga, vamos a mi casa. Y la próxima vez me llamas y nos emborrachamos juntos". Y me río. Y ya no me siento tan desgraciada. Y ya no me siento sola. Y aunque ahora esté hecha una mierda, sé que volveré a estar bien.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Puedo cambiar mi forma de actuar. Puedo disimular. Puedo dejar de hacer. Puedo hacer. Pero no puedo cambiar lo que siento.
Puedo decir lo que quieres oír. Puedo callar lo que no te gusta escuchar. Pero eso no cambia mi forma de pensar.
Puedo reír cuando tengo ganas de llorar. Puedo engañarte, siempre que quiera. Pero yo nunca me voy a engañar.
Nunca he cerrado los ojos. Nunca los he querido cerrar. De hecho, quizá a veces necesitarían descansar. Pero no puedo, ni lo quiero evitar.
Sé lo que puedo y no puedo aceptar. Sé hasta dónde puedo llegar. Si llego, bien. Si no llego, siempre hay un puerta para escapar.

Pero nunca los voy a cerrar.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Fue hace nada y fue hace un siglo. Lo dejé entrar en mi vida y poco a poco fue invadiendo todo mi espacio, hasta que me dejó reducida a nada. A nada que valiera la pena.

Solo yo tuve la culpa, no caben excusas. Pero también he de decir que prácticamente no tuve posibilidad de reacción. Cuando me quise dar cuenta, ya dominaba mi vida, y me sentía tan débil que era incapaz de sacarlo de allí. Se llevó cualquier atisbo de felicidad que hubiera estado conmigo, y me convirtió en nervios y ansiedad; en noches plagadas de horas sin dormir, sin otra cosa en que pensar ni que hacer, más que dejarme consumir por él. Él. El miedo.

Es difícil no acordarse de esa sensación de temblor constante. De que te hablen y no escuches, porque no puedes pensar más que en lo que te obsesiona. De soledad, porque al final te quedas solo, no porque los demás se vayan, que los hay que se van, sí. Pero también hay otros que se quedan. Aún así, te quedas solo, porque están, pero no te entienden. Y eso también se llama soledad.

Eres y no estás, o estás y no eres, no sé. Caes en picado. Y eres débil, cada vez más. Y él sabe aprovecharse de tu debilidad. Es un experto. Así que él sigue su camino, haciéndose cada vez más fuerte, mientras tú vas empequeñeciendo. Tanto, que parece que vayas a desaparecer.

Pero incluso cuando parece que no tienes fuerzas, siguen estando. Siempre queda algo de lo que fuiste una vez. De lo que eres, en realidad, aunque el miedo lo haya escondido. Y de una pequeña chispa puede nacer una hoguera, que crece y se propaga con más fuerza cada vez.

Esa chispa estaba dentro de mí, igual que el miedo. Pero le pudo. Le pudo el día que decidí sustituir el miedo a morir por la ilusión de vivir sin pensar en el mañana. El día que me di cuenta de que no podía controlar mi vida, ni saber qué me depararía el futuro. El día que decidí disfrutar de cada segundo sin más. El día que entendí que no era dueña de mi destino, pero sí de cómo afrontarlo. El día que dejé de preocuparme por morir mañana, porque ya, lo único que me importa es hoy.  
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Me miro por dentro y casi siempre me entiendo. Sé lo que quiero y cómo lo quiero. Tengo claros los valores que rigen mi vida, me muevo por sentimientos. Quiero cosas buenas para mí y para los demás. Quiero ser feliz, y que los demás lo sean. Con mis actos, busco mi interés sin perjudicar a los demás. No sé qué es la envidia; bueno, sí lo sé. Envidio situaciones en las que no me encuentro, envidio al que tiene cosas que a mí me faltan, y no hablo solo de lo material. Pero no le odio por ello, ni deseo robarle lo que por derecho le pertenece. Eso me enseñaron, o eso aprendí. De lo que hay, quiero mi parte, solo la mía.
No entiendo las guerras. No entiendo que el dinero valga más que las personas. No entiendo que el amor no triunfe porque se encuentre con barreras que nada tienen que ver con él. No entiendo que se odie a una chica guapa solo por serlo. No entiendo que las personas tengan que juzgar, en otro, hechos que no les afectan ni les importan. No entiendo que alguien valga más por ser de una raza o de otra. No entiendo que si yo he progresado en mi trabajo, tú tengas que venir a tratar de hundirme o a llevarte lo que es mío, ya sea por el sudor de mi frente o porque he tenido suerte. No entiendo que los padres compitan por la belleza e inteligencia de sus hijos. No entiendo que critiques mi forma de vestir o mi forma de expresarme. No entiendo que alguien tenga que opinar sobre la homosexualidad de otro. No entiendo que la ambición le esté ganando la partida a la búsqueda de la felicidad. No entiendo que el odio sea el motor que mueve el mundo. No entiendo por qué me alabas cuando estoy delante y me criticas a mis espaldas. No entiendo por qué te empeñas en hacer complicado lo que es fácil.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios




Estaba dormida, y otra vez ese llanto...Ese llanto que no cesa, que no me deja vivir. Estoy cansada, agotada, y ya no me quedan fuerzas. Pero aun así, sé que debo levantarme y llegar hasta su lado. Sé que necesita mis brazos, que necesita mi cuerpo. Necesita mi calor. Y él es todo para mí. Iría hasta a los infiernos solo por estar con él.
Me incorporo, cruzo el estrecho pasillo y me acerco a su cunita, y le cojo entre mis brazos, y le siento, y siento el mundo a mis pies. Ya no llora, ahora sonríe. Me sonríe. Y solo por un instante, llego a sentirme feliz.
Y otra vez esos golpes en el pecho que me despiertan del todo. Y ahora ya no veo nada. Solo unos brazos vacíos. Siento frío, un frío helado, pero dentro, en el pecho. Siento náuseas. Y no me puedo mover.
Share
Tweet
Pin
Share
3 comentarios



He estado enamorada muchas veces. Bueno, algunas. Otras quizá lo creí.
Sé lo que es amar y que esa persona te ame. Y también sé lo que es amar sin ser correspondido.
He sido feliz en muchos momentos. Feliz hasta rabiar. También he vivido muchos momentos tristes.
Mi vida a veces ha sido un castillo inquebrantable y otras, una torre de naipes en constante derrumbe. Por momentos, lo he tenido todo. Y nunca he podido decir: "no tengo nada".
Estoy rodeada de gente a la que quiero. De gente que me quiere. También he perdido a personas a las que he querido tanto... Y se tuvieron que ir
Resumo la vida en la suma de todo eso. Y hasta en la resta, porque todo suma.
No entiendo nada sin sentir, y entiendo todo sintiendo. Mi vida solo es sentimiento. Y estoy arriba o abajo, dependiendo del que me acompañe en cada momento.
Todo pasa, y mi memoria, que no hace bien su función, todo lo olvida. Eso es bueno, porque lo malo se aleja hasta que no se ve, pero es malo, porque lo bueno también.

Pero hoy, escuchando una canción, he sentido como se aceleraba mi corazón, y al cerrar los ojos, me he visto tumbada sobre una cama, hace años, pensando en ti. Y he sentido lo mismo que sentí en aquella cama. He sentido la angustia de estar atrapada y de no poder tenerte. He sentido tal tristeza que me he echado a llorar, y a los dos segundos, me he visto sonriendo al pensar cómo la música puede llegar tan dentro de mí como para hacerme recordar lo que el tiempo va enterrando con el paso de los años. Y he pensado en otras canciones que me han marcado, porque me han recordado a personas y a épocas cruciales en mi vida. Y me he dado cuenta de que amo la música por encima de todo; la música, que está siempre ahí, conmigo. La música, que cada día, me hace sentir y me recuerda quién soy.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Cuando miro atrás ni siquiera lo recuerdo como algo distinto a un sueño. Sé que fue verdad, pero ¿acaso la realidad y la fantasía no pueden ser lo mismo en nuestra mente cuando la realidad es pasado? La realidad está sobrevalorada.

Di contigo por causalidad, como ocurren las mejores cosas.  Aunque no fue exactamente así, fuiste tú quien dio conmigo, pero eso ya qué más da.

Lo importante es que nos conocimos, aunque solo en la distancia. Nunca te vi ni te toqué, solo te escribí, y solo me escribiste. Pero aún así, nos conocimos mucho más de lo que se conoce mucha gente que tiene contacto diario, que han cruzado miles de palabras, que han compartido paseos, cenas y cines.

Porque tú y yo cenamos juntos sin haber cenado, paseamos juntos sin haber paseado y vimos películas juntos sin estarlo. Pero además hablamos desde nuestro interior, desde nuestro corazón, desde nuestros sentimientos y las profundidades de nuestro ser. Compartimos. Nos ayudamos. Nos sostuvimos. Quizá no nos conocimos de la forma , pero lo hicimos a un nivel más profundo.

Y confié en ti. Supe que jamás me harías daño intencionadamente, y que podía contar contigo. Te necesitaba. Y pensé: Si algún día necesito ayuda, él estará ahí por mí. Si algún día estoy triste, él me animará. Si algún día mi mundo se da la vuelta, tendré su hombro para llorar.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Older Posts

Seguidores

SÍGUEME

  • facebook
  • Blueskay

Esther Collado

Esther Collado

Páginas

  • ACERCA DE MÍ
  • LA ENTROPÍA DE LAS OLAS
  • LA JOVEN QUE PERDIÓ SU ESTRELLA

La Entropía de las Olas, ya a la venta

La Entropía de las Olas, ya a la venta

Facebook

Esther Collado

Categories

  • COLABORACIONES
  • EL RINCÓN DE LAS LETRAS
  • HABLANDO DE LIBROS...
  • PEQUEÑAS CREACIONES
  • POESÍA

recent posts

Blog Archive

  • ▼  2025 (1)
    • ▼  marzo 2025 (1)
      • LAS SIETE HERMANAS - LA SAGA - LUCINDA RILEY Y HAR...
  • ►  2024 (2)
    • ►  noviembre 2024 (1)
    • ►  septiembre 2024 (1)
  • ►  2021 (3)
    • ►  diciembre 2021 (1)
    • ►  noviembre 2021 (1)
    • ►  junio 2021 (1)
  • ►  2020 (3)
    • ►  diciembre 2020 (2)
    • ►  noviembre 2020 (1)
  • ►  2018 (5)
    • ►  septiembre 2018 (1)
    • ►  abril 2018 (2)
    • ►  marzo 2018 (1)
    • ►  enero 2018 (1)
  • ►  2017 (2)
    • ►  marzo 2017 (1)
    • ►  febrero 2017 (1)
  • ►  2016 (10)
    • ►  octubre 2016 (1)
    • ►  agosto 2016 (2)
    • ►  julio 2016 (1)
    • ►  mayo 2016 (1)
    • ►  abril 2016 (3)
    • ►  marzo 2016 (1)
    • ►  febrero 2016 (1)
  • ►  2015 (29)
    • ►  diciembre 2015 (1)
    • ►  noviembre 2015 (4)
    • ►  octubre 2015 (3)
    • ►  septiembre 2015 (3)
    • ►  agosto 2015 (6)
    • ►  julio 2015 (8)
    • ►  junio 2015 (4)
  • ►  2014 (2)
    • ►  marzo 2014 (1)
    • ►  febrero 2014 (1)
  • ►  2013 (16)
    • ►  diciembre 2013 (1)
    • ►  noviembre 2013 (2)
    • ►  agosto 2013 (1)
    • ►  junio 2013 (1)
    • ►  mayo 2013 (2)
    • ►  marzo 2013 (3)
    • ►  febrero 2013 (6)

Vistas de página en total

Created with by ThemeXpose | Distributed by Blogger Templates