«En
una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números
primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman
números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o
mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par
que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el
19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos
gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de
verdad.» Esta bella metáfora es la clave de la dolorosa y conmovedora
historia de Alice y Mattia. Una mañana fría, de niebla espesa, Alice
sufre un grave accidente de esquí. Si la firmeza y madurez con que este
joven autor desarrolla el tono narrativo impresiona y sorprende, no
menos admirable es su valor para asomarse sin complejos, nada más y nada
menos, a la esencia de la soledad.La inspectora de la sección de homicidios de la policía foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una invesitgación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de la que es originaria y de donde ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal al tiempo que convocar a los seres más inquietantes de las leyendas del Norte..."
Es uno de esos libros que he leído por recomendación, o más que por recomendación, porque alguien lo había leído y su relato despertó mi curiosidad.
La conclusión es que el libro es bueno, me ha gustado, aunque le tengo que poner algún "pero".
Como aspectos positivos, podría señalar unos cuantos:
Una novela preciosa, treméndamente humana y emocionante, que describe las peripecias de una niña alemana de nueve años desde que es dada en adopción por su madre hasta el final de la II Guerra Mundial. Su nueva familia, gente sencilla y nada afecta al nazismo, le enseña a leer y, a través de los libros, Rudy logra distraerla durante los bombardeos y combatir la tristeza. Pero es el libro que ella misma está escribiendo el que finalmente le salvará la vida."
Lo primero que llama la atención de la novela, es que el autor personifica a la muerte, que se encarga de narrar todo lo que va sucediendo. Narración singular con la que el protagonista logra absolutamente que dé la sensación de que no es un humano el que lo está contando.