“Clara Laguna es una
hermosa adolescente de un pueblo castellano de principios del siglo XX. Cuando
se enamora perdidamente de un hacendado andaluz, su madre, una hechicera
tuerta, la previene de la maldición de las Laguna: están condenadas a sufrir el
desamor. Así, el hacendado la abandona tras quedarse embarazada y Clara, ciega
de rabia, abre un burdel en la casona roja, a las afueras del pueblo. Allí, da
a luz a Manuela, una niña fea y marchita...
Una historia mágica y fascinante, llena de pasión, odio, venganza, amor y tragedia,
en la línea de las grandes sagas familiares de la literatura. Un original
estilo literario en el que el realismo mágico se torna castellano y la
escritura derrocha imaginación y poesía en cada frase.”
El libro cayó en mis manos y la sinopsis me atrajo. Sin
embargo, es un género con el que no me siento cómoda, no me convence, y aviso,
porque lógicamente, y aunque haya aspectos analizados desde una perspectiva más
objetiva, esto influye en el contenido de las próximas líneas.
En primer lugar, resaltar el amplio abanico generacional que
abarca, que a mi modo ver, no permite profundizar en cada uno de los personajes
lo suficiente; el paso de una generación a otra es demasiado rápido. No llegas a encariñarte ni a detestar a los
protagonistas lo suficiente. No llegas a vivir sus problemas, sus desgracias,
como tuyas. Sus desgracias. Eso me lleva al siguiente punto: todo son vidas
desgraciadas. Es difícil encontrar felicidad en ese libro. Hay trocitos
desperdigados, pero sabe demasiado a poco. Tanta tristeza, tanta tragedia… A mí modo de
ver, le falta una buena dosis de momentos felices.



